QUEREMOS SER EL CORAZÓN NUEVO QUE EL MUNDO NECESITA

Muchos son los males que rodean y amenazan nuestro mundo. Muchas son las situaciones de dolor y desánimo de los hombres y mujeres de nuestra época.

También hay signos de esperanza, auténticas muestras de una creación buena y amable para los seres humanos de todos los tiempos.
Los MSC seguimos el rastro de luz y paz de Jesucristo, que tiene un Corazón capaz de amar hasta el extremo y de darlo todo por nosotros, sus hermanos.

Queremos compartir esa realidad. En nuestra sociedad, los Misioneros del Sagrado Corazón queremos ser el corazón que acoge, consuela y comparte. Ésa es la misión que la Iglesia nos encomienda.

Tratamos de ser hombres con profunda vida de unión con el Corazón de Jesucristo, por medio de la oración, la vida de comunidad y la celebración gozosa de los Sacramentos de la Iglesia.

Del mismo modo nos mueve, como a nuestro Fundador, ser bálsamo y caricia para nuestros hermanos, con nuestras limitaciones y nuestros defectos, pero contando siempre con la misericordia del Padre.

Te invitamos a que nos conozcas y compartas nuestra misión. Somos una Congregación de la Iglesia Católica, que trabajamos en los cinco continentes, en más de 54 países, intentando hacer realidad el lema que nos dejó nuestro Fundador: "Amado sea en todas partes el Sagrado Corazón de Jesús".

 "Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son, a la vez, gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo..." (G.S.1).

El ideal es hermoso y desafiante. Se necesitan hombres que confíen en Dios y que en Él pongan su esperanza. No es un trabajo para héroes ni seres especiales. Es para personas que quieran poner toda su confianza en las manos de Dios.

Si sientes inquietud por conocernos y por ayudarnos, contacta con nosotros:

P. Provincial
Misioneros del Sgdo. Corazón
Avda, Pío XII, 31
28016  - Madrid
Tfno.: 913530730 /  Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

 

A raíz de la nueva constitución de la República en 1880, y ante las dificultades que suponía para la Iglesia y más gravemente para los religiosos, algunos de los msc se desplazan a países de Europa: Holanda, Bélgica, Austria, España... Es también en estos momentos cuando el Papa León XIII pide al P. Julio Chevalier que envíe misioneros a Polinesia y Micronesia. En 1881 parten desde Barcelona los primeros misioneros hacia Papua Nueva Guinea.

Desde entonces la Congregación se ha ido extendiendo por todo el mundo. Cada provincia de Europa fue abriendo nuevos campos en los diferentes continentes. Luego las nuevas provincias desarrollaros también su dimensión misionera y es así como hoy los MSC están presentes en 53 países de los cinco continentes.

Los últimos lugares donde han llegado los MSC han sido, México, Paraguay, Corea, Japón, India.

Ofrecemos un mapamundi donde aparecen señalados los países en los que los MSC desarrollamos nuestra misión.

 

El P. Julio Chevalier fue un sacerdote muy preocupado por los males que aquejaban a los hombres de su tiempo; y quiso darles una respuesta adecuada desde la Espiritualidad del Corazón de Cristo, que empezó a comprender en el mismo seminario y que animaba toda su vida de sacerdote.  

 

  • La primera respuesta que surgió de su corazón estaba motivada por la frialdad e indiferencia religiosa que embargaba la región del Berry, y Francia entera. Sólo la comprensión, por parte de los hombres, del amor que Dios les tenía podía motivar un cambio en sus corazones. Y esta fue su primera preocupación misionera: dar a conocer el amor misericordioso de Dios a todos y cada uno de los hombres de su parroquia y de la región del Berry. El nuevo título de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, con el que quiso honrar a María, se mostró como vía privilegiada de penetración y siembra misionera.
  • La apertura de su corazón a la Iglesia universal y la obediencia filial al Papa, llevó al P. Julio Chevalier a sentir la urgencia de la llamada a colaborar en las misiones lejanas, a pesar de las pocas fuerzas de su recién nacida Congregación. Así, el año 1881 sale el primer grupo de MSC a la misión de Melanesia y Micronesia, que la Santa Sede ha confiado a la pequeña Congregación.
  • A partir de aquella fecha y decisión, el compromiso misionero de la Congregación no dejó de ser una característica propia de la Congregación fundada por el P. Chevalier. "Somos enviados al mundo a fundar nuevas iglesias y a ponernos a su servicio; a ayudar a las iglesias necesitadas y atraer a los que están alejados del Señor hacia comunidades de creyentes" (Const. 23). Este texto de las Constituciones refleja bien la característica misionera de la Congregación. Nuestra presencia en 53 países, en la actualidad, así lo certifica.
  • No obstante, ninguna realidad, lejana o cercana, material o espiritual, que incida en la vida de los hombres y les acarree dolor, soledad, angustia, muerte o pecado, debe ser terreno ajeno a las preocupaciones de los MSC.
  • Desde la comunidad MSC y desde cada religioso, debemos estar atentos a todos los rostros sufrientes de los hombres, y mostrarles, con nuestra cercanía y amor, que Dios les ama y el Corazón de Cristo late misericor-diosamente por ellos. "Descubriremos el rostro de Cristo en los pobres, en los pequeños y en todas las víctimas de la injusticia y de la violencia" (Const. 22).

Esta misión se expresa en trabajos misioneros, evangelizadores, anunciadores de Jesucristo vivo y Salvador; trabajos misioneros de constructores de nuevas comunidades, donde se anuncia la Palabra y se celebra la Eucaristía. Trabajos misioneros en defensa de la justicia, educativos, sanitarios, en los medios de comunicación... Todo campo donde haya una realidad humana que necesita comprensión y misericordia es campo de la misión de la Congregación. "Nuestro Fundador quiso expresar todo esto en el lema que nos dio: ¡Amado sea en todas partes el Sagrado Corazón!"(Const. 5).

Entendemos por Carisma todo don recibido de Dios por una persona y para el bien de la Iglesia y de los hombres (1ª Cor. 12). Son varios los dones recibidos por el P. Julio Chevalier que han conformado nuestro carisma. Dichos dones configuran una manera de ser, un estilo de vida. En este caso, nuestro estilo de vida MSC.

En primer lugar, una constante preocupación por las necesidades materiales y espirituales de los hombres de su tiempo. Lo que el P. Chevalier llamaba: "los males del mundo moderno". "Estaremos atentos, como lo estaba nuestro Fundador, a los que sufren y a los que están en necesidad" (Const. MSC 21).

 En segundo lugar, su respuesta a estos "males del mundo moderno", con su compromiso pastoral y con la fundación de la Congregación. Animados por la "Espiritualidad del Corazón", queremos comunicar a todos los hombres que Dios siempre nos responde con amor y misericordia. Y la mejor prueba de ello es el amor manifestado en el Corazón de Cristo Jesús. Esta Espiritualidad del Corazón es la que va a informar el carisma propio de la Congregación. "En un esfuerzo constante por participar de los sentimientos del Corazón de Cristo, estaremos atentos a todas las necesidades y aspiraciones humanas" (Const. MSC. 24).

 Desde este Carisma MSC no podemos quedar indiferentes a los males de nuestros hermanos. De esta preocupación y compromiso surge un espíritu misionero que ha llevado a la Congregación a hacerse presente en infinidad de países, pueblos y circunstancias humanas. "Como Él, somos enviados al mundo para proclamar la Buena Noticia de que Dios es un Padre que muestra su preocupación por los pobres y los que sufren y que, al darnos su amor, da sentido a la vida" (Const. MSC 20).

Resumiendo: Nuestro Carisma se construye sobre cuatro convicciones profundas:

1. Los hombres de todos los tiempos y de todas las culturas están aquejados de males espirituales y materiales que les hacen sufrir.

2. Dios, que ama con Corazón humano y divino a cada persona, quiere manifestar y hacer sentir este amor personal a cada uno de sus hijos.

3. Nosotros estamos llamados, desde la comprensión de este amor de Dios, manifestado en el Corazón de Cristo, a compartir la vida de estos hermanos y a manifestarles el Amor que Dios les tiene.

 4. Esta misión no sólo la realizamos como individuos aislados sino desde la fuerza testimonial de la comunidad religiosa MSC

En el siglo XIX, en Francia, el P. Julio Chevalier llegó a comprender que Cristo, a través de su Corazón humano y divino, es la mejor manifestación del amor de Dios a los hombres. Este descubrimiento espiritual fue fundamental para su propia vida y su entrega a la fundación de una Congregación que tomase como tarea manifestar este "secreto". El P. Eugenio Cuskelly, msc, da un nuevo nombre a esta devoción al Sagrado Corazón. Habla de la "Espiritualidad del Corazón" y nos dice: "En nuestros días, aprender a examinar cuidadosamente el Corazón de Cristo puede ser una bendición para todos nosotros". 

Una "Espiritualidad del Corazón" es admirablemente adecuada para ayudarnos en nuestras dificultades cotidianas y en los momentos más delicados.

Podemos pensar que cuando entregó su vida por sus amigos, cuando su costado fue traspasado por la lanza, Cristo nos dio su Espíritu. Y que este Espíritu pone amor en nuestros corazones y nos otorga la voluntad de servirle y de servir a nuestros hermanos. Todo esto, y mucho más, va incluido en lo que denominamos una "Espiritualidad del Corazón". 

Esta Espiritualidad nos lleva a examinar nuestro corazón desde la misma mirada del Corazón de Jesús, con su comprensión y misericordia. Vistas así nuestras debilidades, no nos desanimamos y nos dejamos trasformar y modelar por el espíritu que brota de la herida del Corazón Traspasado. Es en este amor en el que hemos aprendido a creer (1 Jn, 4,16). 

La Espiritualidad del Corazón no es una mera devoción al Sagrado Corazón. Para dejarse transformar por ella es necesaria la contemplación. Contemplar al Traspasado y dejarse mirar por Él. En la Espiritualidad del Corazón el diálogo de la mirada y el silencio contemplativo son muy importantes.

De esta Espiritualidad necesariamente brota una misión de amor y de misericordia. Es nuestra misión MSC.

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