Los obispos de Mozambique denuncian que “nuestra tierra ha sido vendida a extranjeros”

OMPRESS-MOZAMBIQUE (12-05-17) La Conferencia Episcopal de Mozambique (CEM) ha dirigido una carta pastoral a todos los fieles católicos de su país centrada sobre el tema de la preservación de la creación y la protección de la tierra. Titulado “Daré esta tierra a tu descendencia”, el documento está inspirado en la Encíclica del Papa Francisco “Laudato si”, para poner de relieve que “la tierra es un instrumento universal para crear riqueza” y que su uso “es un derecho que tiene que ejercer todo el pueblo de Mozambique”.

Desgraciadamente, denuncian los obispos, “de 2000 a 2013, 56 millones de hectáreas de tierra africana han sido vendidas o cedida su gestión a extranjeros”, porque “los gobiernos de los países industrializados buscan encontrar en África una solución para la crisis energética y alimentaria mundial, sin necesariamente ayudar a las problemáticas africanas”. De ahí que los obispos mozambiqueños hagan un llamamiento a encontrar “modelos locales de desarrollo” que sean verdaderamente “auténticos y justos”.

Otro punto crítico destacado por los obispos de Mozambique es la tutela del derecho a tierra: “El desconocimiento de este derecho, de facto, obliga a las comunidades locales a abandonar sus tierras, favoreciendo así a los inversores privados” y destruyendo sistemas de “agricultura familiar”. De ahí, subrayan, que “en todas las provincias del país hayan surgido conflictos por causa de la tierra, conflictos causados por grandes proyectos de grandes empresas”.

Además, la legislación nacional ya prevé “un desarrollo inclusivo y armonioso entre inversores y comunidades locales, en un proceso en el que se comparten responsabilidades y beneficios entre ambas partes”. El problema viene, por tanto, de “la no aplicación de la ley por para de quienes deberían hacerlo”, lo que lleva “a la marginalización y al empobrecimiento de las comunidades locales”.

Entre otros puntos críticos, los obispos subrayan “la ausencia de una ecología integral y de un modelo de desarrollo que respete a todos, sobre todo a las personas frágiles; la falta de agua potable; la destrucción de los bosques, que comporta en cambio climático”.

Al mismo tiempo, los obispos explican que “la Iglesia siempre defiende el derecho a la propiedad privada”, siempre que “no sea ejercido en detrimento del bien común” y no se entienda como “absoluto e intocable”. El destino universal de los bienes lleva a una visión económica “inspirada en los valores morales”.

La carta concluye con una serie de llamamientos a la sociedad, en primer lugar, para que “no acepte un modelo de desarrollo focalizado en la idolatría del dinero”, a los cristianos, “para que no sean ciegos y sordos ante la realidad social, política y económica del país”; a los sacerdotes, a las religiosas y religiosos, “para que tengan la valentía de “reconocer las situaciones de injusticia contra los agricultores y actúen en su defensa”; a los políticos cristianos se les recuerda su “deber de formarse según la Doctrina Social de la Iglesia, de trabajar de forma responsable y ética, evitando cualquier forma de corrupción”.

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