Un adiós agradecido a la Misión Diocesana de La Rioja en Benín

OMPRESS-BENÍN (16-05-17) Después de 31 años de presencia en Benín, en donde la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño ha tenido una Misión Diocesana en Fô-Bouré, llega el momento de decir adiós a los pueblos baribá, peul y gando, y a la diócesis de N’Dali, según informa el delegado de Misiones José María Peña.

Con la vuelta a La Rioja del sacerdote misionero Juan Pablo López Mendía, que ha permanecido en la Misión durante 21 años ininterrumpidos, la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño da por finalizada esta experiencia de Misión Diocesana.

“Es un buen momento para agradecer a quienes hicieron posible esta magnífica experiencia misionera -don Francisco Álvarez, obispo en La Rioja de 1976 a 1989 y monseñor Nestor Assogbá, obispo de Parakou (1976-1999)-, a quienes continuaron confiando en ella, y a los sacerdotes y laicos que han participado en su mantenimiento y desarrollo. La mitad del territorio que se nos confió en 1986 es una nueva parroquia con sacerdotes nativos”, explica el delegado de Misiones de La Rioja.

En 1962 comenzaba en Burundi esta experiencia diocesana en Misión, que se prolongó en Benín y en Ecuador. A lo largo de estos 55 años, la acción evangelizadora llevada a cabo por los misioneros riojanos, ha prestado una atención especial a las necesidades materiales que fueron encontrando: la labor educativa, la atención a la sanidad, la creación de lazos entre las distintas poblaciones, el cuidado de la familia, la mejora agrícola, el acceso al agua limpia, la puesta en marcha de cooperativas, la mejora del hábitat, la promoción femenina, la protección de la juventud, la educación y escolarización de los niños, el cariño por los más pobres, la condena de las injusticias, la defensa de los más débiles, la formación de líderes, la catequesis y el desarrollo de procesos de crecimiento en la fe, la alegría de compartir la Palabra de Dios y culminar los procesos catecumenales con la celebración del Bautismo y los demás sacramentos… Todo ello conseguido a base de grandes esfuerzos; entre ellos, no fue el menor aprender nuevas lenguas para poder comprender e introducirse en culturas diferentes.

“Llega el difícil momento de decir adiós a esta espléndida experiencia diocesana. El trabajo de los misioneros da fruto en las vocaciones nativas. A ellas les corresponde tomar el relevo de la evangelización en ese entrañable rincón del norte de Benín. Por nuestra parte seguimos unidos a las gentes de Rwisabi (Burundi), Fô-Bouré (Benín) y Puyo (Ecuador), en donde un buen grupo de misioneros sacerdotes y laicos riojanos compartieron con ellos vida y fe”, añade José María Peña.

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